Pasaje San José de Mayo

El Pasaje San José de Mayo ofrece una de las vistas más cautivantes del Poblado Histórico y de la vecina ciudad de Viedma. Su nombre se estableció en honor a la hermana ciudad Uruguaya fundada en 1783 con pobladores que tenían como destino final el Fuerte Nuestra Señora del Carmen.

Así los pobladores tanto de San José de Mayo como de esta ciudad han adoptado como gentilicio el de Maragatos creando así otro lazo de identidad que legitima el hecho de ser ciudades hermanas.

Durante muchos años este pasaje llevo el nombre de Dr. Baraja, para ser la continuación de la misma calle que corre en sentido norte – sur, su trazado consistía en una escalinata de casi un centenar de escalones que salvaba la barranca con un desnivel de unos quince metros en el lugar.

Hacia principios del siglo XIX el  terreno de la actual calle no era publico y en 1840 pertenecía a Fernando Escudero, cuya viuda Casilda Pazos de Escudero fue reconocida en 1854 como heredera del solar  que media unos 20 varas de frente sobre la calle Rial (actualmente calle mitre) por 22 de fondo.

En octubre de 1858, la Municipalidad decidió cerrar el callejón  que bajaba desde el fuerte hacia el muelle,…” en reemplazo del referido callejón para cuyo efecto se indico un espacio de terreno que se haya situado frente a esta, de la Bandera de la Fortaleza y entre medio la casa de Don Alejo Ibáñez y el Rancho de Don Lorenzo Mascarello…”.

Actas Municipales  libro  Nº 1, 4 de octubre de 1858 en el mismo mes se aprobó la compra y se concretaría casi un año después el 17 de octubre de 1859.

El grado de inclinación de la calle hacía que se deteriorara frecuentemente y que su tránsito fuera dificultoso y hasta peligroso para vehículos de tracción a sangre, un ejemplo de ello fue el accidente sufrido en el mes de mayo de 1930 donde jóvenes menores de edad Felipe Badaraco y Carlos Montero de Espinosa, resultaran gravemente heridos cuando intentaron bajar la empinada pendiente de la calle conduciendo una jardinera.

Como resultado del accidente Felipe Badaraco falleció días más tarde y el diario “La nueva Era” del 24 de Mayo de ese año refería… “El hecho servirá de experiencia a las personas que circulan con sus vehículos por las calles del pueblo menos propensas para el trafico…”

En el año 1962 se construyo una escalinata de cemento a todo lo ancho de la calle, con  el fin de convertirla en una arteria peatonal.

Sin embargo ello no fue obstáculo para que algunos jóvenes de la sociedad maragata cometieran algunas travesuras subiendo y bajando con camionetas, coches y motocicletas a manera de hazaña automovilística.

Esta circunstancia bastante preocupante para el peligro que entrañaba, hizo que las autoridades emplazaran en dos extremos de la calle viejos cañones utilizados en el antiguo fuerte y gruesas cadenas que sirvieran de impedimento para la circulación del vehículo.