Fuerte del Carmen

Su construcción se inició en el año 1780, bajó la dirección del ingeniero gallego José Peréz Brito quien fue además responsable de importantes fortificaciones en la Banda Oriental del Uruguay. Esta torre fue atalaya de la fortaleza y a la par campanario de la capilla erigida dentro de las murallas de la fortificación.

La forma de la torre es rectangular por fuera y cilíndrica por dentro, contando con un eje y escalera de caracol del mismo material que la torre. Los peldaños de la escalera son al mismo tiempo piedras del muro, por lo que contribuyen a consolidar la estructura. Cabe destacar que cumplió desde un principio doble función de atalaya y campanario de la capilla del fuerte.

Desde su construcción sus formas simbolizaron el papel de Patagones en el afianzamiento de la soberanía hispana primero y criolla después en la Patagonia, siendo testigo de significativos acontecimientos que jalonaron el pasado maragato.

Desde su mirador, en 1827, los jefes que habían quedado en la fortaleza observaron las operaciones bélicas contra los invasores brasileños que se desarrollaban en la cumbre del cerro. Uno de los testigos del momento fue Don Ambrosio Mitre quien escribió el parte que daba cuenta del combate.

Desde allí también se observaba tanto el tráfico marítimo, como el movimiento del campo que anunciaba el malón. Luego de la campaña al desierto la fortaleza al decir del General Roca, había perdido toda finalidad práctica, razón por la cual fue demolida. La decisión adoptada en la oportunidad, en el sentido de conservar la torre como testimonio de nuestra identidad histórica, constituye el primer antecedente preservacionista en la comarca.

Pero la torre no se resignó a ser solo pasado, ya que participo de los movimientos cívicos - militares tan frecuentes a fines del siglo XIX. Así en la revolución radical de 1893, el mirador se constituirá en cantón armado de los revolucionarios frente a los oficialistas nucleados en la ciudad de Viedma.

Poco más tarde el monumento participaba de la lucha entre grupos católicos y masones respecto a la custodia del mismo, la que se encontraba en manos de los salesianos por la delegación de la comisión nacional de Museos, Monumentos y lugares históricos. Los masones acusaban a los salesianos de apropiarse de un monumento que pertenecía a todo el pueblo maragato y de priorizar su función de campanario sobre la de atalaya. Esta guerra tendría declaración formal cuando los masones retiren las campanas ante el estupor de los salesianos.

Al entrar el siglo XX, la torre es un monumento querido por los maragatos pero se deteriora a ojos vista. Al iniciarse la construcción de la Escuela Nº 2 “Bartolomé Mitre” se debe cortar el barranco para proceder a su posterior rellenado.

Los vecinos dan voz de alarma, La torre se mueve, y las obras se detienen a instancias del clamor del pueblo, especialmente de un enérgico grupo de mujeres dirigidas por Maria Lucia Crespo. El problema se soluciona asegurando la estructura mediante una base que imito un baluarte de la fortaleza. En el año 1942 el fuerte fue declarado Monumento Histórico Nacional.